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El Apego
Publicado por admin en Salud Mental, bienestar, depresión el septiembre 16th, 2011
La sociedad y la cultura nos programan para que si no tenemos determinadas cosas o determinadas personas nos sintamos infelices. Por supuesto que esta creencia es productora de continua insatisfacción. Es imposible tener todo lo que uno se propone. Esta creencia genera que vivamos en la incertidumbre ya que permanentemente estamos expuestos a perder objetos o personas y, por ende, nos sentimos temerosos de que ello ocurra.
Y como para ser felices necesitamos conseguir tales y cuales cosas, una vez que lo logramos nos aferramos a ellos cual si se nos fuera la vida, creando una poderosa dependencia emocional frente a determinadas situaciones. Recreamos así el estado de dependencia infantil en la cual nuestra sobrevivencia dependía exclusivamente de la presencia y el cuidado de determinadas personas. Cuántas veces acallamos nuestras necesidades, renunciamos a nuestros intereses por temor al abandono, al rechazo.
Luego culpabili-zamos a otros: hijos, .; 1HQ|¡ pareja; porque ellos no adivinaron lo que necesitábamos. De esta manera nos convertimos en seres resentidos, solitarios, aun cuando estemos rodeados de afecto, por el vacío interior que se produce cuando nos desvinculamos de nosotros mismos, de nuestros proyectos. Por no perder la aprobación de los demás carecemos del valor de expresar nuestras necesidades de afecto, protección, de discriminamos y ser diferentes, como lo es cada ser humano en particular. La fantasía de que si hacemos todo lo posible para complacer al otro la relación se mantendrá, es sólo eso: una fantasía.
Por lo general, el vínculo se empobrece y se desgasta. A esta manera compulsiva de vincularse a las personas y a las cosas corresponde un estado emocional denominado apego. Este se origina en la creencia de que sin determinada persona o cosa no podemos vivir. Va acompañado siempre de una sensación de amenaza y tensión.
El apego está sustentado en una fantasía adquirida mediante una programación. Si esa fantasía no existiera en nuestra mente no estaríamos apegados, amaríamos las cosas y las personas sin ataduras. Disfrutaríamos de ellas sin la preocupación de perderlas y tal vez las cuidaríamos mejor de esta manera; con compromiso, con responsabilidades, con cuidados pero sin esclavizarnos ni esclavizar a los demás, sin necesidad de controlar la conducta de nadie, sin celos ni envidias porque dejaríamos de estar pendientes de lo que los demás tienen.
No es en base a ataduras que la gente permanece junto a otro y si fuera de esta manera tendríamos que preguntarnos si vale la pena vivir así. La idea de que no podremos vivir sin ciertas cosas o personas, es falsa por varias razones. Sí miramos para atrás en nuestras vidas podremos registrar la angustia, el terror que nos provocaba la sola idea de perder cosas muy queridas. Podremos recordar también el dolor que nos provocó alguna pérdida.
En ese momento pensábamos que nunca más íbamos a ser felices lo que acrecentaba nuestro sufrimiento. Sin embargo podemos reconocer que, finalmente superada la situación, volvimos a recuperar el bienestar muchas veces con un grado mayor de madurez y equilibrio emocional. El concientizar esta realidad crea una libertad en nuestro interior que nos permite relacionarnos de otro modo, desde otro lugar, desde la libertad de elección, no desde la dependencia emocional.
No hay ninguna cosa o persona que tenga el poder de hacernos felices o infelices. La felicidad es patrimonio de cada uno. Esta más cerca de lo que pensamos y depende en gran parte de una decisión personal.
Ejercicios de Salud Mental
Publicado por admin en Medicinas Alternativas, Salud Mental, bienestar, relajación el abril 10th, 2011
¿Por qué quienes siguen cualquier técnica de autoconocimiento toman mejores decisiones en el momento más oportuno?
Porque conocen qué es lo mejor para ellos, e intentan investigar aún más sobre sí mismos. No es cuestión de tiempo sino de voluntad y firme convicción para lograr los objetivos. Si la pregunta es cómo prepararse, los caminos para ello son varios.
Por supuesto, este encuentro con uno mismo no puede producirse en medio de discusiones entre varias personas, ni escuchando música a todo volumen. Debe crearse un ambiente adecuado al que usted diariamente esté en condiciones de acceder. En estos minutos tome la decisión de aislarse y verá que el resultado ser á una mente limpia y una vida armónica, mucho más placentera y sin sobresaltos. Aquí un método para alcanzar ese estado:
• Recuéstese durante unos segundos. Luego siéntese y apoye las manos sobre su vientre sin presión alguna. Baje los párpados lenta y suavemente. Trate de aflojar todos los músculos del cuerpo y concentre su atención en el abdomen. Aflójelo.
• Repita mentalmente: “Esto me da tranquilidad”. Hágalo pausadamente sin apuros ni ansiedad. Sienta cómo su cuerpo se distiende más y más. Respire profundamente. Repita el ejercicio las veces que lo considere necesario.
• La segunda práctica puede realizarla al aire libre y en cualquier momento del día. Preferentemente de pie, baje los párpados suavemente. Trate de permanecer inmóvil y como en la práctica anterior afloje los músculos de su cuerpo poco a poco.
• Procure escuchar los sonidos del ambiente, identificando cada uno de , ellos. Siéntase cómodo, sin que ninguno de los sonidos lo inquiete.
• Fije la atención en algún sonido apenas perceptible procurando olvidarse de los otros, con naturalidad, sin tener que luchar con ellos. Por fin notará cómo los demás sonidos
no impedirán que usted sólo escuche el elegido. Después, experimentará un estado de tranquilidad y plena relajación.







